Hace muchos años que Oviedo dejó de ser la rancia y decimonónica Vetusta, ese retrato implacable que Leopoldo Alas "Clarín" hizo en su estupenda novela La Regenta, allá por 1885. Hasta ahí estamos todos de acuerdo. Lo que nadie se esperaba es la presencia de un enorme culo frente al Teatro Campoamor, uno de los edificios más emblemáticas de la capital del Principado. El trasero, realizado por Eduardo Úrculo, ha sido bautizado por el artista como Culis monumentalibus por sus gigantescas proporciones, más de 4 metros de bronce oscurecido.
Al principio, la instalación de la escultura -el pasado mes de octubre 2001- estuvo acompañada de la inevitable polémica entre los sectores más abiertos y los más conservadores. Pero en poco tiempo se ha ganado la simpatía de propios y extraños y es parada obligatoria en el recorrido de la ciudad. Si te acercas, no olvides hacerte también la foto junto a otra escultura del mismo autor, un homenaje al viajero que preside la plaza de Porlier. Pero sobre todo, no pierdas ocasión de pasear por el cuidadísimo casco histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y lleno de rincones, plazuelas y calles empedradas, prohibidas además al tráfico de coches.
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Foto: Úrculo, con sombrero, en la inauguración de su obra en Oviedo. /EFE
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Si "Clarín" viajara en el tiempo vería con agrado el cambio de "look" de Oviedo. A lo mejor, pasada la primera impresión, hasta se sonreía ante la escultura de El culo, como ya ha sido bautizado popularmente por el vecindario. Y puestos a buscar acomodo, podemos imaginar a don Leopoldo estudiando la estupenda oferta de alojamientos rurales alrededor de Oviedo (a no más de 40 kms), en Fitoria o Limanes (en el término municipal de
Oviedo),
Nava,
Siero,
Pravia y otras localidades.
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