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Casa Florentina
(Las Arenas, Asturias)
 Como en casa
17/feb/2007
Hay dos clases de turismo rural. Uno, con el que se debería acabar, es el de cartón-piedra.
Pretencioso y caro, apesta como sus dueños a "negocio", con reclamos tan ñoños como estúpidos (ver una de mis opiniones para conocerlo en profundidad, aun... [ más]
Hay dos clases de turismo rural. Uno, con el que se debería acabar, es el de cartón-piedra.
Pretencioso y caro, apesta como sus dueños a "negocio", con reclamos tan ñoños como estúpidos (ver una de mis opiniones para conocerlo en profundidad, aunque no merece la pena ni mentarlo).
Y otro, el de verdad, es el que te hace desear no volver a pisar un hotel convencional en el resto de tu vida.
Gente como Florentina, con su eterna sonrisa, su naturalidad y su saber hacer (la más guapa de su promoción de Turismo), de las que cuesta despedirse sin soltar una lagrimilla.
Escondida entre las montañas y el mar, allí está su preciosa casa. Justo donde empieza el olor a delicioso queso (si nunca habéis tenido un orgasmo, decidle que os haga unos escalopines al Cabrales. Yo creo que es mejor incluso que el sexo...).
Y allí está ella, con la cabeza muy alta (cosa del corsé), quitándote las legañas (que nacen de la calma absoluta) con el estupendo desayuno (sigo pensando que esconde una vaca en la cocina y la ordeña cada mañana).
Flor es como la ves. Sin trampa ni cartón, delgadita y con pies de geisha, pero con un corazón y unas ganas de sacar adelante su casa (me resisto a decir negocio), ante las que uno no puede sino quitarse el sombrero (y hacerle de chofer hasta el fin del mundo... que no puede estar muy lejos de los Picos).
El entorno de pueblitos recónditos en montañas y playas vírgenes ya es la guinda para el pastel (por dios, probad el flan de queso que hace esa mujer... deberían conservar sus manos como las de Santa Teresa).
Y después, cuando tengáis que dejar la casa, podréis superar el encontronazo con la realidad alimentandoos de las imágenes que os lleváis en las pupilas y los momentos vividos en ese Paraíso (o en el disco-bar Chibisky, eso va en gustos).
Gracias Floren, amiga. Nos vemos. [ menos]
La Casa del Campo
(Lamuño, Asturias)
 Saber hacer las cosas
26/oct/2006
Uno recupera la fe en el turismo rural cuando encuentra casas y personas tan especiales como la Casa del Campo de Elena.
Lejos del tufo de patética pretenciosidad de otras (no hay que irse tan lejos, a Segovia mismamente), aquí descubres la raíz q... [ más]
Uno recupera la fe en el turismo rural cuando encuentra casas y personas tan especiales como la Casa del Campo de Elena.
Lejos del tufo de patética pretenciosidad de otras (no hay que irse tan lejos, a Segovia mismamente), aquí descubres la raíz que da vida al árbol de este tipo de turismo (el que no te dejan tirar Elena :D).
El trato maravilloso, el entorno de ensueño, los desayunos de quitarse el sombrero -y el cinturón- y les apetecíes con niebla de las que no se olvidan :)
Espero que hayas disfrutado Roma, que tengas mucha suerte con tu nuevo proyecto, y que sigas explicando todo el tiempo que quieras lo de la mermelada de piesco :)
Casi ni eché en falta la tele, yo que la tengo puesta hasta de fondo cuando me ducho :D
Para la próxima vez que tenga que pintar algo al coche nos veremos las caras :D
La mejor calidad-precio del occidente de Asturias, y casi de Europa :-P
Plas, plas, plas. [ menos]
Posada del Abuelo Mario
(Huerta, Segovia)
 Carente de encanto
28/jul/2006
El encanto es algo tan intangible y complejo que, pese a que uno aspire a poseerlo, puede alejarse taimada, pero prestamente.
Se puede tener encanto pese a convivir cinco días con la misma telaraña. También habrá gente que encuentre encantador c... [ más]
El encanto es algo tan intangible y complejo que, pese a que uno aspire a poseerlo, puede alejarse taimada, pero prestamente.
Se puede tener encanto pese a convivir cinco días con la misma telaraña. También habrá gente que encuentre encantador clavarse en el pie una ¿grapa? de una alfombra.
O a que la puerta del baño cierre a empujones y que la de la habitación necesite de argucias de tiralevantaempujayconunpocodesuerteabre (el dueño nos comentó que lo arreglaba en cinco minutos con un martillo, cinco días después seguía igual).
Es más complicado que surja el encantamiento si al llegar a la posada, cansados de un viaje de 600 kilómetros, te hacen esperar diez minutos y te llevan directo a tu habitación sin explicarte absolutamente nada de la casa.
O cuando te encuentras la "miniconstitución" en la habitación, con las normas de la casa de la sidra (veintiocho si no recuerdo mal). Entre las cuales se encuentran la prohibición de comer bajo amenaza de coste extra de limpieza (mejor no hablemos de la limpieza...), o el precio de toallas y colchas, avisándote del rigor con que se hace inventario diariamente (y es entonces cuando a uno, después de pagar veinte mil pesetas por noche, empiezan a entrarle las ganas de hurtar).
O cuando tienes que dejar la llave siempre que abandones la habitación (a lo que hay que sumar que hay que pasar por la casa de los dueños para recogerla, no recomendado para claustrofóbicos).
Lo de desayunar a oscuras con "lámparas de billar" supongo que va en gustos, pero a mí no me agrada. No se puede negar la ¿originalidad? de tener de fondo musical a Vivaldi-Queen-fados, mezclados con más pena que gloria en una atmósfera de sonrojante pretenciosidad.
El desayuno, siendo muy generoso, mediocre. Con repostería industrial pasada (esos croissants de chocolate de dudoso cumpleaños), zumo de naranja caliente con pulpa (sólo tres de los cinco días, el cuarto de melocotón y el quinto de nada) y yogures corrientes de sabores caducados en el mismo día (lo reconozco, soy impresionable. Eso me impactó mucho).
Y me pregunto yo, ¿por qué hay que avisar el día anterior de la hora exacta a la que pretendes desayunar?, ¿para que te tuesten el pan? -que es lo único caliente.
Aparte del férreo control al que te someten los dueños, supongo (como mi madre cuando yo tenía catorce años... ¡qué digo! Bastante peor).
El restaurante, acorde con el resto de la casa, con el precio muy por encima de la calidad (será por sitios baratos y de buen comer en la provincia de Segovia...).
Por lo demás, la habitación es bonita, el jacuzzi chulo (con uno un poco más grande tampoco se hubiesen arruinado) y el trato de los dueños (lejos de ser el idóneo, yo creo que ni el exigible) no es descortés.
Hemos estado en muchas casas rurales (pena que siempre me olvide la clave y me cree nuevo usuario), de muy diversos precios, y ésta es la segunda que menos me ha gustado .
Iba predispuesto a encontrar el encanto por muy escondido que estuviese, pero vengo profundamente desencantado.
Aunque, a tenor de las opiniones, o la gente ha visitado muy pocas casas o seremos nosotros los raros (cosa tampoco descartable :D). Juzgad vosotros mismos si queréis.
Casi que sólo por los cielos estrellados segovianos merece la pena. Al menos, si alguna estrella fugaz cumple su deber...
[ menos]
Ibarrondo Etxea
(Mungia, Vizcaya)
 Vengo muy quemado... pero del sol.
27/may/2006
Y eso que el señor del tiempo daba chubascos. Creo que todo es un complot y que la temperatura media en Bilbao es de 26 grados...
La casa simplemente genial. Por el caminito que lleva ella uno se va introduciendo en el silencio, y sólo se despie... [ más]
Y eso que el señor del tiempo daba chubascos. Creo que todo es un complot y que la temperatura media en Bilbao es de 26 grados...
La casa simplemente genial. Por el caminito que lleva ella uno se va introduciendo en el silencio, y sólo se despierta al oír los ladridos de Kizkur cuando viene a recibirnos (bueno, o de camino a buscar la sombra).
Llegar es relativamente fácil (nosotros es que nos perdemos hasta en el Eroski), y está a unos diez minutillos (dándole vidilla al mierdigolf de alquiler, en los badenes parecía Kitt) de esa joyita que es Gaztelugatxe y muy cerquita de Bakio, Bermeo, Loiu, Plentzia, Mundaka, Gernika...
Y a Bego no le voy a decir nada que no sepa (tiene muchas tablas ya, hasta en campings nudistas yugoslavos), sólo zorionak.
Nos hace sentir como de la familia, pero sin dar palo al agua en el bonito invernadero (habrá oído la leyenda de que voy por ahí desflorando).
Cuesta volver a la vida normal, con sus desayunos normales... Bego, adóptame... hago unas patatas bravas estupendas ;)
100% recomendada. [ menos]

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