Parece mentira que tan cerca de Madrid haya lugares tan recónditos y aparentemente tan alejados de la civilización, el ruido y el estrés. A Tolbaños se llega enseguida por carretera, y luego se coge una pista forestal, no muy bien señalizada, que te ... [
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Parece mentira que tan cerca de Madrid haya lugares tan recónditos y aparentemente tan alejados de la civilización, el ruido y el estrés. A Tolbaños se llega enseguida por carretera, y luego se coge una pista forestal, no muy bien señalizada, que te lleva directo al molino. Una coqueta edificación de piedra enclavada en la ladera que da al río con un pequeño lago, una delicia para pasear.
Aquellos que busquen un fin de semana de absoluto sosiego, tienen aquí su sitio. Los dueños te están esperando al llegar, te enseñan tu habitación, y te dan las llaves de la casa. Ellos viven en otro sitio, pero se desplazan al molino por la mañana para preparar el desayuno, y por la noche para las cenas.
Son sólo tres habitaciones, las tres realmente preciosas, por lo que no hay que descartarlo si la habitación especial está ya ocupada. Como no hay dónde cenar en los alrededores, pues está realmente aislado, es muy fácil entablar conversación con las otras dos parejas que, como mucho, pueden coincidir contigo, y acabar tomando un licor frente a la chimenea con buena música de fondo.
El sitio es de lo más coqueto, y también de lo más natural. No llega el tendido eléctrico ni el cableado telefónico, por lo que los móviles, dependiendo del operador, no tienen mucha cobertura, el teléfono fijo es por vía satélite (gracias a lo cual hay datáfono y por tanto se puede pagar con tarjeta), y el suministro eléctrico es a través de placas solares y un generador de apoyo.
Es un establecimiento Rusticae, lo que ya de por sí es una garantía de calidad en cuanto a decoración y ambiente. Los dueños son encantadores, y te hacen sentir como en casa. Hay un rincón de lectura con numerosos libros y guías, y un equipo de música. Hay algunos CDs, pero éste es el lugar ideal para traerse una buena música tranquila y disfrutar leyendo por la tarde.
Fuimos en noviembre, y nos cayó la primera nevada del año. El paisaje nevado era absolutamente magnífico e inolvidable.
Quizá sólo hay un par de pequeños detalles a tener en cuenta:
En la habitación, el baño no tiene puerta, sino un visillo, lo que a algunos puede resultar un poco incómodo.
Por otra parte, los desayunos y las cenas se cobran a un precio demasiado elevado para lo que se ofrece en realidad, que no está mal, pero sí es escaso, sobre todo cuando vienes de darte una gran paliza de senderismo o de caminata cultural por Ávila, y el apetito hace de las suyas. Se cobra todo, hasta una manzanilla, pero imagino que tener sólo tres habitaciones obliga a ello, para que salgan los números.
De cualquier forma, estos pequeños inconvenientes no son nada comparado con el placer de pasar un fin de semana en un lugar tan aislado y especial.
No le doy cinco estrellas, porque considero que la gastronomía ocupa un lugar importante en este tipo de establecimientos, pero por lo demás, absolutamente recomendable. [
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