Una de las razones de esperar volver al País Vasco es volver a alojarnos en Ontxene y ver amanecer desde ese balcón magnífico a la ría de Urdaibai sobre el cual está levantada esta casa de turismo rural. Además de que el alojamiento es cálido y está... [
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Una de las razones de esperar volver al País Vasco es volver a alojarnos en Ontxene y ver amanecer desde ese balcón magnífico a la ría de Urdaibai sobre el cual está levantada esta casa de turismo rural. Además de que el alojamiento es cálido y está cuidado al máximo tanto en limpieza como en los detalles; además de que está situado en un lugar precioso, de fácil acceso, céntrico en su ruralidad (está muy cerca de las carreteras secundarias principales), ofrece al viajero, tanto por sus instalaciones como por el entorno en el que se halla, un sosiego y una tranquilidad que pocas veces se encuentra. Nuestra habitación, muy acogedora, amplia y silenciosa, y los desayunos, de quitarse el sombrero. En nuestros tiempo allí, cada mañana la dueña de la casa incluía algo nuevo a cuanto ponía sobre la mesa, con lo que nos ibamos bien cargados de pilas y con una sonrisa de oreja a oreja. Esto último es comprensible pues, "nuestro último además" va dedicado íntegro a su propietaria: Irune, una mujer cercana, agradable, cálida y siempre dispuesta a aconsejar sobre sitios que visitar por su tierra. Muy agradable fue compartir con ella experiencias sobre turismo rural y que nos hiciera sentir, no ya como turistas que van de paso, sino como unos amigos que vuelven de muy lejos y son acogidos en su casa con una afabilidad que hay que destacar. Personas como ella son las que le dan sentido a esto que llamamos turismo rural y que no solo se encuentra en una habitación con vigas de madera en el techo y centros de flores secas. El encanto es otra cosa, y a veces lo encontramos en gente como ella. Pasamos tres días maravillosos. Gracias, Irune.
Paz y Juan [
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