| El experto conocedor del campo sabe que en el húmedo suelo primaveral se esconden suculentas sorpresas. Frutos que el campo nos regala para que acaben en los más exquisitos guisos y siempre con la garantía de que su código genético no ha sido modificado. Os recomendamos los frutos estrella que durante este mes de mayo el campo regala a quien sale a disfrutarlo:
CORUJAS. Tallos tiernos con hojas que se crían en vallejos y riachuelos. Alfombran el agua y son fáciles de cortar con unas tijeras. No te sobrarán las botas de agua ya que se crían en humedales de no más de medio metro de profundidad. No necesitan ningún tipo de preparación. Perifollo o pamplinas son otros de los nombres por los que también se conoce a este vegetal de la familia de las portulacáceas. La finura de su textura y sabor las convierten en la verdura estrella de las ensaladas.
CRIADILLAS. Seta de la familia de las tuberáceas que se cría en suelos arenosos. Permanece enterrada a un par de centímetros bajo el suelo por lo que no son fáciles de encontrar. Una pequeña hendidura que cuartea la tierra es la única pista que la criadilla deja para ser cazada. Tiene un cuerpo amorfo del tamaño aproximado de una pelota de golf. Su terrosa y suculenta carne puede servirse en distintos tipos de platos como guarnición. No dejéis de probarlas en tortilla.
ESPÁRRAGOS. Tallos verdes y fibrosos muy abundantes en encinares y alrededor de piedras. Para su recolección es importante llevar consigo una navaja o algún instrumento cortante ya que no se deben arrancar "de cuajo", pues lo que dejemos se convertirá en una esparraguera que a la siguiente generación dará un nuevo espárrago. Son muy fáciles de ver y recomendamos para gente neófita en temas camperos. En tortilla, cocidos o como guarnición...te chuparás los dedos.
CARDILLOS. Es literalmente un cardo que crece "a ras" de tierra y muy fácil de arrancar. Pertenece a la familia de las farináceas. Del cardillo se aprovechan los peciolos que recorren las hojas. Se encuentran en las cunetas de caminos terrosos y en calveros. Se pueden servir rebozados o hervidos. Los que tienen la dicha de poderlos comer dicen que es la mejor guarnición para acompañar al famoso cocido madrileño.
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