El año jubilar de Caravaca de la Cruz, Murcia

El próximo 2017 se celebra un año Jubilar en España. Y no es en Santiago de Compostela. La pequeña localidad murciana de Caravaca de la Cruz ostenta también este privilegio papal y se prepara ya para recibir en los próximos meses a miles de peregrinos en su famoso santuario de la Santísima y Vera Cruz

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Cómo esta localidad monumental del noroeste de Murcia logró ser la quinta Ciudad Santa del mundo, tras nada menos que Roma, Jerusalén, Santiago de Compostela y el monasterio cántabro de Santo Toribio de Liébana es casi tan milagroso como el otro supuesto milagro de verdad en el que dos ángeles entraron por una de las ventanas del santuario portando la cruz de cuatro brazos, emblema de la ciudad.


El caso es que en 1988 y en un tiempo de tramitación récord, después de llevar siglos sin otorgar este privilegio, la Santa Sede concedía al Santuario de la Santísima y Vera Cruz de Caravaca el Año Jubilar “in perpetuum, con permiso de celebración cada siete años en un ciclo que se inició en 2003. Roma reconocía así la fuerte tradición religiosa de esta ciudad murciana como foco de peregrinación y le daba de paso una magnífica excusa para revitalizar el turismo en una comarca, la del Noroeste, con un importantísimo legado histórico y artístico pero atascada en un retraso secular por falta de comunicaciones y servicios en este rincón montañoso y verde de la geografía murciana.

 

 

Caravaca de la Cruz, a la que ahora se llega por autopista, aparece acostada sobre las laderas de un cerro, sobre el que despunta el castillo y el santuario. Pese a la modernización que ha vivido en estos últimos años, aún conserva el ambiente fresco y pausado de aquella ciudad medieval que fue capital de una extensa comarca. Desde la fortaleza —un lienzo continuo de muralla cuyos 14 torreones y su solitaria puerta están construidos sobre la historia, la cultura y los cimientos de cuantas civilizaciones camparon sobre esta colina desde la noche de los tiempos— se puede ver el mar de tejas de adobe que salpica el casco viejo. Piedras de rancio linaje que esconden palacetes, blasones, casas señoriales e iglesias, y también algún que otro desaguisado urbanístico.

 

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Entre los muros de la fortaleza se levantó en el siglo XVIII la iglesia de la Vera Cruz, un edificio barroco hecho con mármol rojo de Cehegín en torno al cual gira la historia y el sentir popular de Caravaca. El templo debía de servir de relicario y custodia a la famosa cruz de cuatro brazos que según la leyenda dos ángeles bajaron del cielo para que un sacerdote preso en las mazmorras del castillo pudiera oficiar misa. Ni que decir tiene – en esto las leyendas de reconquista son muy repetitivas – que el rey moro Abu Ceit, señor de estas tierras en la baja Edad Media y testigo del milagro, se convirtió al cristianismo y que desde entonces la cruz de cuatro brazos del patriarca de Jerusalén se convirtió en símbolo y emblema de la ciudad. De ahí el nombre Caravaca....... de la Cruz.

 

Por la cuesta del castillo, la misma por la que el año que viene accederán los peregrinos, suben cada 2 de mayo a la carrera desenfrenada los Caballos del Vino, ricamente enjaezados con bordados de oro y seda, mientras miles de personas jalean y vitorean a las cuadrillas. La subida en concurso de los caballos por la cuesta de la fortaleza, una de las fiestas más vistosas y populares de Murcia, remomora una antigua gesta en la que se consiguió introducir alimentos en la ciudad asediada con la ayuda de las caballerías y es, sin duda, el momento culminante de la fiestas patronales de la Santísima y Vera Cruz.

 

Las profundas obras de recuperación del castillo y de la iglesia de la Vera Cruz llevadas a cabo en 2003 para acoger el primer jubileo de la historia murciana sacaron a la luz nuevos paños de muralla y torres desconocidas de la fortaleza del siglo XI, además de un aljibe árabe, que ahora forman parte de un nuevo museo, el de la Vera Cruz, donde se expone todo lo relacionado con el ajuar de la reliquia y la leyenda de su aparición.

 

Caravaca es también la ciudad de las iglesias. Hay muchas, pero si hubiera que destacar una por su monumentalidad sería la cuadrada, serena y maciza iglesia del Salvador, el mejor templo del renacimiento murciano, junto al de Santiago, en Jumilla. En una tierra en la que casi todo es barroco, y no solo en arquitectura, la armónica y renacentista figura de la iglesia del Salvador emergiendo de un dédalo de callejas medievalmente estrechas, sus cuatro magníficas columnas jónicas estriadas soportando las nervaduras góticas de su bóveda y su fachada monumental y sobria son un soplo de aire fresco para el visitante.

 

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Una vez limpio de pecados con la indulgencia y descubierta Caravaca, al viajero le quedan otras muchas opciones en la comarca del Noroeste, una de las más atractivas de la región murciana. Cabe por ejemplo una visita a las Fuentes del Marqués, un paraje natural cercano a la ciudad donde se ha abierto un cuarto centro de exposiciones dedicado a la interpretación de la naturaleza. O a la cercana Moratalla y su sierra, el pulmón verde de Murcia, donde se puede disfrutar del espectáculo de un río con agua en superficie, algo inaudito en una tierra sedienta como ésta. O a la monumental ciudad de Cehegín, a orillas del río Argos, sometida también a un profundo remozado arquitectónico.

 

 

 

 

 

 

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Paco Nadal, es periodista de viajes, escritor, director de documentales y fotógrafo. Pero sobre todo es alguien que ha hecho del viaje una forma de vida. Colabora asiduamente con El País y con la Cadena SER.
Experto Rural