Una visita a Combarro entre hórreos, brujas y cruceiros

En Galicia no son pocos los pueblos costeros hermosos, pero si uno se lleva todos los focos, y con toda la justicia del mundo, es Combarro. En el corazón de las Rías Baixas, a un paso de la ciudad de Pontevedra y bastante cerca en coche de la veraniega Sanxenxo, yace una de las mayores colecciones de hórreos frente al mar de todo el norte de España. Nada menos que treinta son los hórreos que posee esta localidad de poco más de 1000 habitantes perteneciente al Concello de Poio, la cual siempre estuvo ligada a este importante monasterio del que le separan apenas tres de kilómetros.

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En el caso de Combarro los hórreos están tan pegados al mar, concretamente a la Ría de Pontevedra, que a veces cuando la marea está alta el agua llega a tocar su base. Esto se explica dado que el transporte en bote era necesario para acudir a los campos de cultivo de los propietarios de los mismos, por lo que aprovechaban a situar esta especie de almacén de trigo y patatas, entre otras cosas, en un lugar cómodo y bien situado para acumular estos productos de la tierra ahorrando tiempo y esfuerzo.


Pero Combarro es mucho más que una letanía de hórreos. Este pueblo levantado en granito conserva a la perfección un casco histórico muy compacto y digno de visitar. Por sí solo es un museo de la arquitectura rural gallega. Los callejones tienden por sí solos a bajar a la ría. Aquí el viajero se guía a través de los cruceiros y recias casas marineras, algunas de ellas reconvertidas en tabernas, vinotecas con aroma a Albariño o lugares donde aún se recita el conjuro (o conxuro) de la queimada.

 


Si bien es cierto que durante el verano cuesta dar dos pasos en Combarro, dado que lo visitan muchos turistas sabedores de su fama, sigue manteniendo con orgullo ese espíritu marinero y melancólico donde todavía se deja escuchar el suspiro de mil y una despedidas. De esta villa marinera marcharon a las Américas gallegos que lo serán por siempre, aunque hayan cambiado su melodioso acento por el del castellano en Argentina, Venezuela, Colombia, México, Perú o Uruguay.


¡Ay si los hórreos de Combarro pudieran hablar! Nos contarían tanto sobre esos emigrantes que navegaron el Atlántico, sobre esos mariñeiros que se jugaron la vida una y mil veces y no siempre regresaron a casa… También sobre las misas en Isla de Tambo cuando a ésta se podía llegar a pie con la marea baja y las procesiones de San Roque por las calles estrechas del pueblo hasta ser devuelto de nuevo a su iglesia. Cabe destacar que este santo patrón de Combarro, cuya festividad se celebra con buenos fastos cada 16 de agosto, desbancó a San Sebastián como preferido de la gente tras una plaga de peste. San Roque era protector ante las enfermedades y no hubo otra elección.

 
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Pasear hasta Praza da Chousa y tomarse una ración de pulpiño a feira en uno de sus bares que miran al mar, hacer fotos de los hórreos en el Muelle da Rúa o comprarse una bruja de la suerte sonriente sobre su escoba (así como una buena crema de orujo), son algunas de las cosas que podemos hacer en una escapada a Combarro.


Muy cerca tenemos la visita a los Monasterios de Poio y Armenteira, ambos una maravilla, la ruta de los molinos de agua y, por supuesto, el ambiente durante el verano de Sanxenxo, Portonovo y alrededores donde un servidor ha pasado media vida vacacionando para escapar de la rutina.


Siempre he dicho que Galicia ha sido una de las mejores cosas que me han pasado en la vida, que cuando me agoto física y moralmente, tengo un lugar donde olvidarme de todo y volver como nuevo. Y pasear por Combarro me recuerda que, aunque no sea de allí, siempre sentiré como míos los cantos y gaitas de la bella y verde terra galega.
 

 

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Sele en Bam

José Miguel Redondo (Sele), Ha viajado a más de 80 países del mundo y lleva 8 años contándolo en el blog www.elrincondesele.com. En él narra sus experiencias y ofrece consejos prácticos a otros viajeros independientes como él.
Experto Rural