Los tres tesoros del Valle de Liébana

Dicen que Cantabria es infinita y tan verde como tus ojos deseen. Debo confesar que a mí el verde cántabro es posiblemente uno de los colores que más me seducen, sobre todo si es el que inunda el valle de Liébana.

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Vaya… ¡qué lugar! Recuerdo a la perfección cómo me sentí la primera vez que entré en la comarca lebaniega sin más antecedentes que las hojas de pergamino del gran Beato de Liébana que había estudiado en Historia del libro cuando estaba en la carrera. De pronto me vi en una especie de burbuja que cerró mi mundo a lo que aquel valle era capaz de mostrar en un primer instante. Los Picos de Europa dando sombra a un bosque cerrado y frondoso que jalona ambos lados del camino. Lo que viene siendo un valle perfecto, el que ocupa nuestra imaginación desde la infancia y que no hay que buscar muy lejos. Está aquí mismo, a un paso, en Cantabria, una perla de realidad y belleza en el norte donde la brisa del mar se mezcla con el viento de las montañas.


En el Valle de Liébana encontré tres tesoros que me ayudaron a comprender por qué este lugar transmite tanta emoción. Quizás lo sabían los peregrinos que acudían a besar el lignum crucis, la reliquia de madera de la cruz de Cristo, y había llegado hasta aquí hacía siglos. O quizás todavía están por descubrir. Si bien es cierto que el valle tiene mucho, mis tres tesoros, los lugares que no hay que perderse bajo ningún concepto, son éstos:

 

Potes, uno de los pueblos más bellos de España

Si me hablan de un pueblo del norte que lo tenga todo… historia, monumentos, paisaje, armonía y mil aromas, siempre pienso en Potes. El mismo que cruza sin disimulos el río Quiviesa y se fotografía desde el puente de piedra. O mejor aún desde la Torre cuadrada del infantado, que fuera casa del Marqués de Santillana, asomado a uno de los pequeños torreones desde los que el valle se vuelve poesía. Hoy día, entre otras cosas, es un centro de interpretación del Beato de Liébana y nos lleva además a conocer esas obras de arte que los monjes de la Edad Media utilizaron para relatarnos el Apocalipsis de San Juan a todo color.

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La Villa de Potes, con sus callejuelas dibujadas por casonas elegantes de piedra bien conservadas, nos permite viajar al corazón del valle. El centro de ese mundo concentrado en apenas unos kilómetros. Pura belleza, puro sentimiento.

Santo Toribio y el beso a la lignum crucis

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Hace más de doce siglos que el monasterio de Santo Toribio posee la considerada por la Iglesia católica como el pedazo más grande que se conserva de la cruz donde fue clavado Jesucristo. El cuerpo del propio Santo Toribio llegó desde Astorga hasta aquí con muchas reliquias que había traído de Tierra Santa durante el tiempo en que fue Sacristán mayor de la iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén. Esta fue la razón por la cual el monasterio se convirtió en un punto esencial de peregrinación cristiano en Europa junto a ciudades como Santiago de Compostela o Roma. En 1512 nació el Año Jubilar Lebaniego y cada año en que la festividad de Santo Toribio, el 16 de abril, cae en domingo, se abre la Puerta del Perdón y prosigue una tradición de peregrinaje que ya ha cumplido su quinto centenario.


Apenas viven unos pocos monjes en este lugar arrinconado por la montaña, en un entorno de paz asombroso. Los fieles llegan hasta este templo gótico de origen mozárabe para besar con lágrimas en los ojos el Lignum Crucis, la reliquia de las reliquias conservadas en Cantabria y por las que el Valle de Liébana se abrió al mundo.

 

Fuente Dé y la ascensión a los Picos de Europa

Tocar el cielo con las manos. Ese es el tercer secreto de la comarca de Liébana. Allá donde nace el río Deva podemos salvar un desnivel de 800 metros en apenas un instante por medio del teleférico más famoso del norte de España. El cable de Fuente Dé nos permite pasar de la espesura de los bosques lebaniegos a contemplar la cima de las montañas. Allí uno puede disfrutar de unas vistas únicas de los Picos de Europa, incluso en su vertiente asturiana. Porque desde el mirador de Fuente Dé, sólo nos quedarían los osos para completar la experiencia (que los hay en Picos de Europa, pero en sus adentros lejos de las miradas extrañas).

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Una vez el teleférico nos ha dejado arriba hay diversas posibilidades de senderismo en la zona. Un lugar del todo privilegiado desde donde descubrir las entrañas de los Picos de Europa que, como no me canso de decir, regalan al viajero uno de los mejores paisajes de naturaleza no sólo en España sino en todo el continente.

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He abierto con llave los cofres con los tres tesoros del Valle de Liébana, pero hay muchos más que debéis abrir vosotros. Mogrovejo, Dobres, la iglesia de Santa María de Lebeña, o los muchos hórreos esparcidos por toda la comarca. Para eso es necesario pasar unos días en los que hacer del valle nuestro universo particular. Aunque la verdad que éste es de esos lugares de los que uno no regresa nunca…

 


Sele en Bam

José Miguel Redondo (Sele), Ha viajado a más de 80 países del mundo y lleva 8 años contándolo en el blog www.elrincondesele.com. En él narra sus experiencias y ofrece consejos prácticos a otros viajeros independientes como él.
Experto Rural