El Camino de Santiago en Navarra

Navarra y Camino de Santiago son dos topónimos indisolubles. El paso pirenaico más famoso de todas las rutas jacobeas está en Roncesvalles, en el Pirineo navarro. La primera gran ciudad por la que pasa el Camino Francés es Pamplona. Y en una bella localidad navarra, Puente la Reina, se unen esta ruta principal y el Camino Aragonés, que entra por Somport. Navarra es jacobea por todos los costados

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Después de haber caminado a través de media Europa, los peregrinos medievales francos, germanos, italianos, flamencos o valones confluían en la ciudad francesa de Saint Jean-pied-de-Port desde donde en grupos iniciaban la peligrosa travesía de los Pirineos. Y lo hacían por el paso histórico más fácil y aconsejable de la cordillera, el puerto navarro de Ibañeta, en cuya cima les esperaba, si antes no se los había comido un oso o los había sepultado una tormenta de nieve, la colegiata de Roncesvalles, la puerta del Camino en Navarra. La misma vía de acceso que eligió Carlomagno en 778 para entrar en la península y en cuya retirada su caballero Roldán sufrió el ataque de los vascones que dio lugar a la más célebre canción de gesta. Pero esa es otra historia.


Esta condición de portilla de acceso a España ha ligado a Navarra con el hecho jacobeo desde sus orígenes y ha dejado en la comunidad un rosario de topónimos, ermitas, imaginería religiosa, leyendas, puentes, albergues e historias relacionadas con los Caminos a Compostela. De hecho no hay un solo camino de Santiago a través de Navarra, sino dos: el Camino Francés, el más transitado de todos a lo largo de la historia, y el Camino Aragonés, que entra en España por Somport (Huesca) y tras descender el valle del río Aragón penetra en territorio navarro por Sangüesa para unirse al Francés en Puente la Reina, el lugar donde “todos los caminos se hacen uno solo”.


Diez siglos después de su fundación la colegiata de Roncesvalles sigue siendo uno de los principales hitos del Camino Francés en Navarra y el lugar elegido por la mayoría de peregrinos actuales para iniciar su gran aventura hacia Poniente. Desde allí la senda baja hacia los bosques de Erro y Mezkiritz, el tramo natural más soberbio de la ruta, donde robles, abedules, tejos, acebos y pinos centenarios guardan aún escondida entre el ramaje la impronta de los antiguos caminantes medievales, y enfila el valle del río Arga en busca de Pamplona, la primera capital que atraviesa la senda compostelana.


Pamplona es una ciudad de huella jacobea (en su catedral trabajó el maestro Esteban, uno de los más célebres canteros del románico que también intervino también en la construcción de la catedral de Santiago) y amable con el caminante porque lo acoge entre arboledas y paseos peatonales, en vez de entre polígonos industriales y autovías de circunvalación como pasará más adelante en las otras cinco capitales de provincia que quedan por atravesar hasta la plaza del Obradoiro.

 

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Luego viene el alto del Perdón, la primera elevación montañosa, que se salva por un collado donde la Asociación de Amigos del Camino de Navarra colocó en 1996 un monumento a los peregrinos justo en el lugar donde “se cruza el camino del viento con el de las estrellas”.


La bajada lleva a una gran llanura fértil y cultivada hasta el milímetro. Se pasa por tres pueblecitos silentes y antes casi olvidados, Muruzábal, Uterga y Óbanos, donde el auge de esta segunda edad de oro de las peregrinaciones a Compostela ha insuflado nuevos tiempos y ahora se abren cada año nuevos bares, albergues y alojamientos, hasta llegar al siguiente gran hito del Camino Francés en Navarra: Puente la Reina.

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Puente la Reina es un ejemplo de libro de ciudad nacida por y para el Camino, con una gran calle de sirga, rectilínea y apuntada de este a oeste por la que pasaban y siguen pasando los romeros y a la que se asoman fachadas de grandes sillares y portones blasonados de dovelas que hablan de un pasado mucho más boyante. La calle Mayor de Puente la Reina acaba en el magnífico puente románico sobre el río Arga, mandado construir en el siglo XI por la reina doña Mayor, esposa de Sancho III de Navarra, para facilitar el tránsito de peregrinos a Compostela. Es sin duda uno de los vados más hermosos y emblemáticos de todas las rutas jacobeas.


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En Puente la Reina se unen los peregrinos que viene desde el Somport por el Camino Aragonés. Habrán pasado por Jaca y Undués de Lerda y por Sangüesa, la primera villa navarra de esa ruta. Y también por Santa María de Eunate, una ermita octogonal construida en el siglo XII por los caballeros templarios en mitad de la llanura siguiendo el diseño del templo de Jerusalén y que aún hoy impresiona por la delicadeza de sus formas arquitectónicas y por su fuerte carga simbólica.



Una jornada a pie separa Puente la Reina de Estella, otra ciudad monumental nacida también por y para el Camino, pues la fundó el monarca navarro Sancho Ramírez en 1090 como burgo de francos (villa con exención de impuesto y facilidades para artesanos y comerciantes) con el fin de repoblar su reino y atender la

 
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afluencia cada vez mayor de peregrinos de toda Europa. Estella estuvo por tanto siempre muy atenta de los peregrinos y fue famosa por el cobijo que ofrecía. Aymeric Picaud, autor a mediados del siglo XII de la primera “guía de viajes” del Camino, el Codex Calixtinus, decía que en ella “el pan es bueno, el vino excelente, la carne y el pescado abundantes y rebosa todas las delicias”.



El Camino de Santiago Francés abandona Navarra por Viana, la plaza fuerte de los Borgia. Habrán sido 128 kilómetros de senda histórica desde Ibañeta cargados de emociones, leyendas y fantásticos paisajes. Por delante se abre La Rioja y luego la ancha y llana Castilla. Para entonces el caminante recordará con añoranza las suaves colinas navarras, las sombras de los bosques pirenaicos y los paisaje mullidos de una comunidad que parece hecha a posta para caminar por ella en busca del Finis Terrae.

 

 

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Paco Nadal, es periodista de viajes, escritor, director de documentales y fotógrafo. Pero sobre todo es alguien que ha hecho del viaje una forma de vida. Colabora asiduamente con El País y con la Cadena SER.
Experto Rural