En caso de que estés aquejado por una melancolía galopante, tengas vocación de poeta o, sencillamente, seas una persona con sensibilidad, debes visitar este impresionante monasterio cisterciense, levantado en el siglo XII y en el que pasó algunas temporadas en mismísimo Bécquer. Desde el templo, grandioso, hasta el claustro, obra maestra gótico-renacentista, todo merece un recorrido tranquilo, en el que tampoco hay que pasar por alto el museo del Vino habilitado en antiguas dependencias monacales. |
|